El cuadro de Chávez. Esa
enorme fotografía del presidente fallecido, pieza empotrada al mobiliario del
hemiciclo de la Asamblea Nacional, ya no estaba. Como tampoco estaban las
restricciones a los periodistas para entrar en el capitolio federal, las mismas
que se impusieron durante unos 5 años cuando el parlamento era controlado por la
bancada oficialista. La sensación era extraña, como tropezarse con una costumbre
olvidada. Algo ciertamente había cambiado en medio del bullicio por la
instalación de la nueva AN.
Si bien las puertas para la prensa independiente volvían a
abrirse, tampoco resultaba tan sencillo ingresar. A media mañana del 5 de enero
de 2016, la entrada al hemiciclo estaba taponada. “Ya no cabe nadie más”
alertaba el personal de protocolo y seguridad a los periodistas. Seguían
llegando invitados a la cita: diputados proclamados, gobernadores, alcaldes y
representantes de cuerpos diplomáticos, todos con sus respectivos asistentes y
puestos asignados. Todos querían entrar. Y los reporteros, fotógrafos y
camarógrafos acreditados también.
Algunos colegas se abrazaban cual segundo año nuevo:
“increíble, hemos vuelto”. Una veterana periodista parlamentaria, que cubría las
sesiones del antiguo congreso, viajó del interior hasta Caracas “porque no me
podía perder esto por nada del mundo”. Funcionarios de la AN advertían frente a
la aglomeración que los bomberos evaluaban la resistencia del palco de prensa en
un edificio inaugurado siglo y medio atrás. A nadie parecía importarle si la
estructura estaría comprometida. Todos querían ser testigos de la primera sesión
de una Asamblea que por primera vez ganaba la oposición venezolana en 17 años de
gobierno chavista. “No me importan estos empujones ni el calorón. Lo importante
es que estamos acá dentro”, resaltó una reportera inmovilizada frente a la
escalera de caracol.
miércoles, 6 de enero de 2016
La eternidad de Chávez se desmontó en la nueva Asamblea Nacional
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